En educación hay ciertas actuaciones por parte de la administración que, sinceramente, sigo sin comprender.
Hace ya unos años no entendí que se dotara de un ordenador a todo el alumnado de 5º y 6º de Primaria. Hoy, el tiempo ha pasado… pero las dudas permanecen.
Ahora me cuesta entender determinadas inversiones: las llamadas aulas del futuro, las aulas sensoriales y su impacto real —más allá del titular— en el aprendizaje cotidiano del alumnado.
Tampoco termino de comprender que prácticamente todas las tutorías cuenten ya con las nuevas pantallas digitales (una especie de tablet gigante), mientras que las aulas específicas parecen quedar fuera del reparto. Curioso, sobre todo cuando la inclusión está tan bien definida sobre el papel… pero no siempre en la distribución de recursos.
Y resulta aún más difícil de explicar —o de justificar— los tiempos de espera que soportan algunos alumnos para acceder a productos de apoyo o ayudas técnicas esenciales: comunicadores, sistemas FM, materiales adaptados… sin olvidar la escasa dotación y actualización de recursos en muchos centros.
En fin, supongo que todo es cuestión de prioridades.
¿Cuál es el objetivo? ¿Mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje?
Antes hubo que regalar ordenadores.
Ahora parece que hay que vender aulas del futuro o sensoriales… que, sin duda, quedan espectaculares en la foto.